Introducción:
La enseñanza y la
preocupación por realizarla de la mejor manera o de lograr sus propósitos es
una constante en la historia desde que el hombre es hombre y vive en sociedad.
Los adultos han enseñado siempre a los más jóvenes, los padres a sus hijos, los
adultos a otros adultos. Esta forma peculiar de relación entre las personas y
estas muy variadas prácticas sociales se ha desarrollado en distintos ámbitos.
En otros términos, la enseñanza es una práctica social e interpersonal que
antecede históricamente a la existencia misma de escuelas, tal como hoy las
conocemos, y aun hoy se desarrolla más allá de sus límites. También, desde
entonces, ha existido una preocupación explicita por las cuestiones de métodos
para enseñar. Si bien todas las personas enseñan a otros y pueden hacerlo,
aunque sea de modo intuitiva, todas se desempeñan socialmente como maestros,
profesores, o instructores.
Desde mediados del siglo
XIX, comienza un proceso sostenido de conformación de sistemas escolares, que
culminará en el siglo XX con los sistemas educativos nacionales, en sus
distintos niveles y especialidades. Su existencia requiere un gran número de
personas específicamente formadas para enseñar. El acto de enseñar ya no sólo
es generalizado sino también especializado. Requiere de un ordenamiento y de un
conjunto de reglas básicas. Pero, antes de implicarnos en sus “reglas” y en
pensar cómo hacer, se impone como primer lugar entender acerca de la enseñanza
misma, como fenómeno y como proceso. En este sentido, es necesario partir por
preguntarnos por las caracterizas que la definen, orientan y regulan, por los
actores y factores que intervienen y por las formas básicas que pueden adoptar.
El análisis de estas cuestiones requiere de una mirada ampliada, más allá de los
límites que existen en el presente trabajo. En estas primeras páginas,
intentaremos un acercamiento a las mismas, como primer planteamiento del
problema, en particular desde la perspectiva de quienes enseñan.
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